Llegamos a Mallorca con el objetivo claro:
sumar los 3 primeros puntos de los 24 obligados a ganar.
Un punto, el conseguido hoy que a estas alturas de la Competición,
para poco creo, que
nos puede valer, descuadrando totalmente los números que se habían marcado.
El partido comenzó con dominio del Sevilla aunque en esta primera mitad las ocasiones más claras las tendría el Mallorca.
Se adelantaron los baleares por mediación de Aki tras una internada de Castro, donde la tensión de la defensa sevillista brilló por su ausencia.
Poco después
un balón de Cáceres era recogido por Negredo que ganó la espalda a Ramis
y fue derribado, penalti sin tarjeta para el defensor que
transformó el madrileño.
Tenía que ser la resurrección del equipo que estaba dando muchas facilidades atrás y
Manzano dio entrada a Rodri en substitución de
Romaric (lento y desaparecido hasta entonces).
Más allá del resurgir sevillista los isleños gozaron de dos clarísimas ocasiones por mediación de
Nsue y Tejera que desbarató
Varas. Antes tanto
Castro como
Medel rozaron la segunda amarilla.
Cuando todo parecía que con las tablas en el marcador se llegaría al descanso,
De Guzmán sacó un latigazo raso desde 30 metros que se coló en la meta de Varas lamiendo el poste izquierdo.
Ahora sí, descanso 2 a 1 para los locales.
La segunda mitad empezó
con un Sevilla mucho más enchufado y que pudo empatar pronto.
Capel y Negredo gozaron de las mejores ocasiones. A partir de entonces, el encuentro fue muy igualado y
Rakitic puso el empate a dos tras remachar un regalo del portero balear que no blocó un balón servido al área por Cáceres.
El final del partido fue una auténtica moneda al aire donde
Nsue marró un mano a mano con
Varas y Rodri tiró al muñeco ante Aouate.
El partido al final pudo caer para cualquier lado.
Justo empate en Mallorca. La vida sin Kanouté y sin Navas es más difícil.
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